Un senador de la República dice"No
nos va a doblar la mano una manga de inútiles subversivos, que están instalados
muchos de ellos, desgraciadamente, en un Parlamento, que no supimos ganar".
Por otro lado, un diputado de la misma República, sintiéndose aludido, le
responde al primero:"Me parece la típica argumentaciónde
un viejo facistoide que no tiene cómo responder a la realidad chilena”.
Para partir, dos datos: 1. El senador no fue electo
por nadie. Fue designado a dedo por su partido en reemplazo de otro senador que
dejó el cargo para ser ministro. 2. El diputado, fue electo a través de un pacto
de su partido con la Concertación, ya que el actual sistema binominal de
elecciones, no le permitía a su colectividad poder acceder al Congreso.
En paralelo, y muy lejos
de estas discusiones, el país está viviendo un despertar social, detonado por
las demandas estudiantiles por una educación gratuita y de calidad, pero que
denota un malestar mucho más profundo y generalizado. Un malestar que no está
verbalizado y que aún no está enarbolado en ninguna bandera de lucha.
Es difícil definir con precisión qué es esa sombra, ese
fantasma detrás de las consignas de los estudiantes, pero no es tan difícil
aventurar una teoría amplía. Volvamos a los datos sobre los parlamentarios que nos
entretuvieron un sábado con tan torpes palabras.
Los nuevos senadores designados y los electos a través de
pactos instrumentales, porque el sistema binominal, no permite otra manera,
reflejan grietas en el sistema democrático que nos rige. Lo sabemos. Nada de
esto es nuevo. Sin embargo, son muchos años con estas grietas, tapadas con
pasta de muro de mala calidad. Tal vez desde este punto podamos ir visualizando
mejor que es esa sombra que, entremedio del espeso humo de las lacrimógenas,
detrás de los estudiantes protestando, crece en cada ciudadano, en cada
esquina, en cada pueblo.
Esta sombra se olfatea, cuando miles de chilenos, de todas
las edades, en diferentes esquinas del país, en todas las comunas, sale a la
calle con una olla y una cuchara de palo a hacer ruido. A manifestar su
repudio. Pero, ¿Repudio a qué?
Podemos quedarnos, cómodamente, en que es por la educación.
Sí, claro. También es por eso. De los que no son estudiantes hoy, son apoderado
(futuros deudores), o exestudiante endeudado, o simples ciudadano de acuerdo
con las demandas estudiantiles. Pero este 4 de agosto las personas reaccionaron
ante algo mayor que eso: la represión.
Si a los estudiantes, que cuentan con gran apoyo popular, no
se les deja marchar, y sobre todo, se les reprime con tanta violencia y
desigualdad de fuerza, ocupando la mayor cantidad de bombas lacrimógenas que se
tenga recuerdo, es normal la reacción ciudadana. Pero esa reacción -pacífica- es por falta
de democracia, por abuso de poder, por impotencia. No hay confianza en los
políticos de ningún lado ni en las instituciones públicas, ni hablar de las de
orden. ¿Qué pasa?
¿Es culpa de “inútiles subversivos” o de “viejos
fascistoides” lo que pasa en este país? ¿O es culpa de que no hay nadie en las
cúpulas políticas con olfato, agallas o inteligencia suficiente para entender o
asumir lo que está pasando?
Al parecer, los políticos seguirán culpándose entre ellos.
Hablando entre coaliciones semimuertas, que dan estertores penosos y que no
entienden que esto no son pataletas aisladas. Que esto SI es política. No la de
las cuotas de poder, la de los cupos en el congreso o la de los ministros
prepotentes. Esta es la más pura de las políticas: la de un pueblo decidiendo
como quiere ser gobernado.
Sóplame
este ojo es un dicho popular que lleva intrínseca la sospecha, el no
creer todo lo que se dice. Y la idea de este blog es esa. Plantear
libremente otras formas de ver las cosas, otras maneras de pensar y
escribir, y así ser un humilde aporte frente a tanta "verdad oficial"
que anda suelta por ahí...